sábado, 6 de enero de 2018

Obesidad - El cerebro del gordo - primera entrega

Esta, es una de tres entregas dedicadas a la obesidad, en esta oportunidad trataré de explicar el origen hormonal de la obesidad, y de como esos cambios repercuten en el estado mental de la persona que padece esta condición. En una segunda entrega se explicará el enfoque nutricional y finalmente los recursos farmacológicos y quirúrgicos que existen para el tratamiento.

Cuando hablamos de obesidad tenemos que hacer referencia a la Insulina. La insulina es una hormona que se produce en el páncreas y que cumple la función de “abrir la puerta” para que la glucosa, (que es el alimento) entre en las células de todo el cuerpo. De esta manera, si existe resistencia a la insulina (RI), la puerta es más pesada y se necesita más insulina para que la glucosa entre a las células. Los altos niveles de insulina (hiperinsulinismo) logran compensar la RI, de tal manera que los exámenes de glicemia pueden resultar normales, pero, mientras tanto, ese aumento de insulina en el cuerpo provoca aumento del peso.

La RI es una condición hereditaria, pero también se adquiere por los malos hábitos alimenticios. Los primeros síntomas de la RI son caída del cabello, cansancio, fatiga, debilidad, posteriormente un aumento de peso. La RI puede desencadenar en diabetes mellitus (DM), que se caracteriza por aumento del azúcar en sangre (Glicemia alta), con el daño subsecuente a todos los órganos. Si a lo anterior se agrega hiperlipidemia (Colesterol y Triglicéridos altos) e hipertensión arterial, tenemos un coctel explosivo, que en medicina se conoce con el nombre de síndrome metabólico.

El diagnóstico de RI se puede realizar clínicamente al encontrar los síntomas anteriormente mencionados, más acantosis nigricans, que es una marca oscura en el cuello y en los pliegues cutáneos y el aumento de la grasa abdominal que se caracteriza por una circunferencia abdominal mayor de 88 cm en mujeres y 102 cm en los hombres. Se confirma con un examen que se llama curva de tolerancia a la glucosa (CTG).

El problema de la RI, es que también cambia el funcionamiento hormonal del organismo: el estómago disminuye su capacidad de saciedad (sentirse lleno), las hormonas que inhiben la sensación de hambre en el cerebro se fabrican en menos cantidad (cerebro del gordo), y hasta el tejido adiposo (la grasa) cambia, pues eleva los niveles de adipoquinas, que incrementa la presión arterial y dañan los vasos sanguíneos, tal como lo encontraron investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (1).

Las personas con cerebro del gordo no sienten apetito al levantarse, desayunan poco, pero luego se desata una ansiedad incontrolable por comer. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos la fuerza de voluntad no es suficiente para controlar éste ciclo vicioso.

Un buen inicio para cortar este malévolo ciclo es desayunar todos los días, en la primera hora después de despertarse, desayunar dos horas después no sirve para cortar el ciclo, sencillamente porque el eje hormonal ya ha desencadenado el efecto dañino.

Como adelanto, recomiendo ampliamente la proteína whey (Ni una D más) en el desayuno, sin embargo, en la próxima entrega profundizaré sobre el manejo dietético en la obesidad.

En resumen, la obesidad no es culpa de quien la padece, se trata de una enfermedad que tiene su origen en un desarreglo hormonal heredado o adquirido (IR) y que repercute en el estado mental de quien lo padece, cortar el ciclo vicioso del cerebro del gordo, no es fácil, pero si se puede hacer. La primera cosa es tomar en serio el desayuno.
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(1) http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0212-16112009000400004&script=sci_arttext&tlng=pt
(2) Jakubowicz Salomon Ni una Dieta mas, 2 Ed Noviembre 2015, Rocco Gráficas

ANDRÉS NARANJO CUÉLLAR
Médico y Cirujano (USCO – Colombia)
Máster en Marketing Farmacéutico (UNED – España)
MBA (AISM – USA)

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